martes, 9 de agosto de 2016

Cuando se cierra un ciclo

No importa cuanto tiempo deseaste haber terminado una época en tu vida, cuando llega el momento de decir adiós simplemente la nostalgia invade. Llevaba seis años de mi vida deseando mi título universitario y a falta de 24 meses lo sentía a años luz de mi, yo solo quería terminar, pero de repente me encuentro a solo unos días de concluir las materias, unos últimos trabajos me recuerdan que no regresaré en mucho tiempo a las aulas, que las charlas en hora de almuerzo llegan a su final.

Es así como me doy cuenta que ha llegado el momento de crecer, sí, a mis 24 años y apenas estoy hablando de crecer, pero se viene un monstruo llamado mercado laboral, tan
intimidante como necesario, el salir de la universidad me dice que mis obligaciones ya no serán solo tener buenos promedios y cumplir con los deberes. Aún me queda la práctica profesional, pero es solo una prueba de lo que vendrá después de la graduación.

Ser madre durante este proceso, haber conocido generaciones y generaciones de estudiantes, fueron en su momento golpes emocionales que me decían que estaba creciendo y aún no terminaba mi carrera pero hoy me doy cuenta que fueron situaciones sumamente necesarias para poder madurar y salir con la seguridad con la que me graduaré.

Me queda muchísimo para aprender, pero me emociona el hecho de hacerlo fuera de un aula, en plena práctica y quizás hasta en prueba y error. La madurez que me dieron estos seis años me dan tanta confianza como para no tener miedo a equivocarme, a que me corrijan y a explorar hasta lo más básico en la comunicación.

A una semana de concluir mi vida de estudiante (por el momento), solo puedo rememorar y sentirme agradecida con Dios y la vida por enseñarme que me equivocaba cuando quería graduarme rápido, que vendrían mejores lecciones para crecer, hoy estoy preparada para cerrar este ciclo y empezar nuevos aprendizajes.

La nostalgia me invade, si, pero ya no tengo miedo, al menos no  como hasta hace unos meses.

martes, 14 de junio de 2016

Yo no elegí ser madre....¡Gracias a Dios!



Hace un par de semanas una voz me decía del otro lado del celular  “¿para qué se embarazó si sabía que estaba estudiando?”, en el momento no podía creer lo que escuchaba, primero sentí como si puñales atravesaran mi estómago pero seguido, de una forma indescriptible, la ira se apoderó de mi, nunca en mi vida  había tenido ese sentimiento con tal magnitud, él hablaba de mi hijo y él es el padre.

La leona que despertó se defendió casi por instinto, mis palabras fueron como garras que escudaban lo que para mi es sagrado, el nacimiento de mi bebé. Solo recuerdo haber terminado de expresarle mi enojo, colgar el teléfono y acurrucarme a llorar, cual cachorro con frío.

Hoy con mi mente en frío y sin que el enojo hable por mi puedo decir que yo no elegí ser madre, ¡Gracias a Dios! No me malinterpreten, le doy gracias a Dios que yo no decidí quedar embarazada porque si por mi fuera probablemente ese momento nunca hubiera llegado o de pasar, sería hasta alrededor de los 30 años.

Cuantas cosas me estaría perdiendo, y aunque es bastante difícil cuidar a un niño y estudiar a la vez, para mi no hay sentimiento más hermoso y gratificante que el tener cada noche a mi lado a un ser que es la máxima expresión de amor, que llena cada rincón de mi corazón y que se convirtió en mi compañero de vida.

A veces hay que aguantar dedos señaladores porque se es madre soltera pero todo, absolutamente todo vale la pena cuando esos pequeños bracitos me reciben al llegar  de la universidad, son sentimientos que hace 3 años no me hubieran hecho falta pero los que hoy le dan sentido a mi vida.

Yo no planeé quedar embarazada, al contrario, no quería ni imaginarlo porque lo veía como la manera de echar a perder mi vida, pero si esa sorpresa no hubiera llegado el 25 de agosto del 2014, no tendría esas ganas de luchar y no le perdería el miedo a los grandes retos porque por sí solo, criar a mi bebé es un gran reto.


No elegí ser madre, pero la vida no se trata solo de lo que uno quiere, si no de lo que Dios cree mejor para nosotros. Hoy puedo entender el propósito de Joshua en mi vida y si algún día llegas a leer esto mi amor, quiero que sepas que eres el regalo más hermoso que pude haber recibido, gracias por enseñarme que los ángeles no siempre vienen con alas, a veces solo te dicen mamá.