Me encuentro ante esta pantalla en blanco, con una idea sobre qué quiero escribir pero sin una dirección clara. Mi mente me dice que piense como periodista pero mi corazón llama la atención con pancartas y luces de neón, inevitable no hacerle caso.
Quería analizar el tema de como sobrellevar la muerte de un ser querido, pero la verdad es que nadie, absolutamente nadie está preparado para enfrentarla, ni siquiera cuando un doctor da la alerta de que lo peor está por suceder.Yo ya me había topado con varios casos de familiares que dejaban este mundo, todos lamentables pero el verdadero dolor me llegó un 22 de noviembre del 2014.
Digna Bertilia González Chaves es la protagonista de mi historia, una mujer que hace 46 años tenía una familia formada, con 4 hijos ya mayores y no le importó hacer cualquier sacrificio para criar a su nieta como si hubiese salido de su propio vientre. Vendiendo tortillas que palmeaba desde horas de la madrugada es como sacó adelante a la que ahora es mi mamá.
Por linaje sanguíneo era mi bisabuela pero para mi, era mi otra mamá, una de cabellos de plata. Cada domingo llegaba a visitarnos en su carruaje, el cuál le cobraba alrededor de 2 mil colones, al chofer le contaba todas las historias que pudiera durante el viaje, no importa si era repetida, ella era una excelente tertuliadora, y cómo no lo iba a ser con semejante sabiduría que acumulaba.
A los ocho días de nacer Joshua, no dudó en venir a conocerlo, ella realmente lo amaba ya como si fuese otro hijo. Lo media en cuartas todas las semanas con sus manos ya arrugaditas para registrar cuanto había crecido. Su corazón realmente tenía campo para todos, incluso los que no llevaban sus apellidos.
Con 92 años y 4 meses de edad ella se fue de este mundo, sin dejarnos un manual de como sobrellevar su ausencia, las lagrimas aún caen por mi rostro al recordarla casi 5 meses después de su partida, probablemente mi egoísmo quería que ella viviera cientos de años en este mundo tan vano, pero es que ella realmente me dibujaba una sonrisa con solo verla.
Ningún lapso de tiempo es el indicado para sanar un corazón cuando se pierde un ser querido, increíblemente algo tan natural como morir, se convierte en una tragedia cuando nos toca enfrentarlo. Ni hablar del dolor que siente mi madre, ella perdió a su mamá, papá y mejor amiga en una sola persona, ese día que el corazón de mi viejita dejó de latir.
Probablemente esto sea muy aburrido de leer para muchos pero vieras que gratificante se siente expresar mi admiración por un ser que era tan puro que con sus manos en la biblia creaba magia, porque mejor nombre no pudieron elegirle, Digna, y claro que era una mujer digna de admirar.
Hoy mi felicidad es soñarla y recordarla mi consuelo, donde quiera que esté la sigo amando y anhelo un último abrazo, esos que hacían que su cabezita de algodón quedara al nivel de mis costilla; 92 años no fueron suficientes para quedar saciados de su presencia. Madre, abuela, bisabuela y biscabuela, que legado dejan esas canas en nuestras familias.
Que ilusa al pensar que podía escribir para aconsejarle a los demás como sobrellevar la ausencia de un ser amado si yo aún lloro a Mamá.
martes, 14 de abril de 2015
martes, 7 de abril de 2015
Volvamos a ser niños
Que hermosos son los recuerdos de cuando nos divertíamos en la niñez, cuanta inocencia, cuanta sinceridad. Cuantos momentos mágicos basados en las cosas más pequeñas de este mundo, cuanta nobleza en un solo ser.
¿En qué momento se nos va esto?¿Cuando es que perdemos la capacidad de ser tan auténticos?, que bonito sería agregar todo esto a nuestra vida adulta, o mejor aún, seguir siendo simplemente niños a nuestros veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, o cuantos años vivamos.
Cuando crecemos olvidamos tanto disfrutar la vida y todo se convierte en seriedad, las responsabilidades nos abruman, la avaricia en muchos se hace presente, la tecnología nos convierte en robots y dependemos de cosas tan banas cuando antes con solo un latir del corazón bastaba.
Hoy un niño identifica un billete por el mono que viene dibujado con un fondo amarillo, mientras los grandes llegamos a dejar de dormir por sumar unos cuantos "monos" a nuestra billetera. Un niño que duerme tarde sacrifica horas de curiosos sueños, nosotros solo lo vemos como falta de descanso.
Cuanta esencia perdemos con el pasar de los años, y nos escudamos en la idea de forjarse un futuro mejor y cumplir metas, pero que hermoso sería desconectarnos un ratito durante el día y volver a nuestra época de kinder, donde la verdadera preocupación era el color con el que pintaría el dibujo que hicimos para papi o mami, donde la verdadera "torta" era mojarse sin permiso.
Hoy quiero volver a tener miedo porque me mojé haciendo algo a escondidas, y que el dibujo tenga todos los colores hermosamente poco combinados, quiero volver a chollarme las rodillas aprendiendo a andar en bici y no perder mi tiempo en una presa, quiero regresar y no preocuparme por mis tennis sucias o pelo desordenado, sería una verdadera terapia tan solo un momento, volver a ser una niña.
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